Tengo que decirles mis queridos amigos, lectores, fans… o corpus poblacional que no me conoce pero leerá estas líneas, es momento de que me vayan descubriendo más allá de mi cursilería de niño de secundaria, mis rimas de primaria, mi sintaxis de kínder y, ese siempre largo y bochornoso etc., que acompaña toda enumeración de mis defectos. Es momento de la confesión, una confesión severa acerca de mis predilecciones, de algún secreto y otras tantas obviedades:
Soy una persona sin vicios de palacios, de bosta con chapa de oro, de apego a las cosas, no aspiro a poses, modas o demás baratijas producto de la banalidad, -de esas que han nacido de la pretensión de afirmarse como un sujeto con solvencia económica dentro de la sociedad- no aspiro a negarme a mí mismo, no pretendo dejar de ser humano… Pueden pasar (y lo han hecho), delante mío, personas extravagantes, con plumas, gorros y trajes, que a pesar de llevar sobre la cabeza un pequeño nido de pájaros exóticos o un perro en el bolso, no despiertan en mi el mínimo interés… ¿Y por qué? ¿Acaso no es motivo de asombro ver tanto ridículo, tanta extravagancia y estrambóticas poses? Por mi parte les puedo decir que ha sido su falta de dinamismo, de movimiento lo que ha hecho que carezcan de importancia, que pasen inadvertidas.
Solo me guardo un vicio, una exquisitez, una pequeña gran delicia… el amor por el efímero, por la evanescencia perpetua.
Es pues, motivo de mi total atención el humo del cigarro que se desvanece, la nube que avanza y siempre y nunca será lo mismo, la chica que camina la acera, que mueve su cabello, sus piernas, sus caderas ¡toda ella!, puedo estar así, sonriendo como un infante durante horas, presenciando el espectáculo del movimiento, incluso de lo más pequeño insignificante… que cobra significación cuando es dinámico… cuando no está inerte, muerto o estático.
Por otra parte me causa un asco enorme lo perpetuo, lo inmóvil… podrá parecerles una vulgaridad mi siguiente afirmación, hay sujetos que dicen ser actuantes, pensantes… que caminan, hablan, respiran, cagan… y sin embargo ¡No se mueven! Permanecen quietos, encerrados en su mundo, sin necesidad de romper sus cadenas, quizás por que ni ellos mismos están notificados de su encarcelamiento, inmersos en su cotidianidad de manipular y traficar, de existencia pedestre y vulgar.
Su presencia más allá de arrancarme buenos y saludables bostezos me provoca arcadas, sin duda es incomprensible su actitud para con el mundo ¿Cómo pueden sobrevivir, como pueden dormir cuando se tienen tal concentración de indiferencia consumada y consumida, es que acaso no sienten el llamado de sus congéneres lacerados? Todo intento de sacarlos de ese estado de sonambulismo parece ser algo ocioso, una gran pérdida de tiempo, de nada sirve pararte en frente cerrarles el paso y no permitirles avanzar hasta que sepan que todo esta del carajo… que todo se va a la chingada -lenta o rápidamente-, ellos no hacen nada, pese a presenciar: la ignominia, la iniquidad, la blasfemia que se yergue contra la humanidad.
¡Pero enga’! no todo esta tan mal en este camino llamado vida, he encontrado a simpáticas personas que también buscan mover un poquito las cosas, darles un “anima”. No se imaginan mi satisfacción y felicidad al encontrar, que dentro de tanto objeto-humanoide ¡existen personas!, pocas, raras, algo locas… pero al fin personas, no cajas de propiedades o cestas de capitales.
Y existe aun otra cosa que me anima un poco mas… hay que recordar que aquello que se encuentra en reposo, en potencia, solo necesita de un impulso para avanzar, ¡Vaya tarea! Tan compleja, tan ardua, y a la vez tan bella, transformar a esas humanoides-cosas en algo vivo, con piernas que caminen, con boca que grite, con cerebro que piense, con brazos y manos que ya no sea su misión el traficar… sino trabajar.
Tengo el mejor vicio de todos, perpetuar lo efímero, hacer que las cosas avancen… realizar la utopía, que las cosas que “son” sean como “deben” de ser. La misión es difícil, complicada, desgastante, y presuntamente inacabable… pero ¿Quién dijo que la vida fuera fácil? Pues eso es lo que se hace, afirmar la vida ¡Movilicemos lo estático, antes de fallecer aplastados! Eso es lo que amo… eso es a lo que soy adicto… a lo móvil, a lo dinámico, al humo, al viento.
Radha Soami Sánchez Sánchez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario