Que aburridos son los números
son tan predecibles…
tan inertes
tan faltos de candor,
la existencia numérica
aunque sea infinita
no tiene sentido
pues no es manifestación de vida
¿A cuántos hombres he visto
dotados de alma de cifras,
de pensamientos de raíz cuadrada,
de besos divisorios,
y abrazos restados,
de problemas potenciados a la “n”,
de insomnios sumados,
de inquina multiplicada?
Sin duda alguna la “razón algebraica”
y las necesidades mutiladas
por ángulos de cuarenta y cinco grados
son cada día más comunes.
Hoy por hoy es de lo más sencillo
observar y escuchar frases como:
“Es preferible matar a diez mil personas,
a que mueran un millón”
“Si trabajo doce horas,
si me niego en toda forma,
podre obtener más dinero,
aunque nunca lo pueda gastar
acá la cosa es siempre tener más”
¡Cuánto desapego de los labios y la carne!
Que falta de arrojo a las venas
e incluso el desprecio por la naturaleza
por los hombres,
por las mujeres,
por la tierra.
Yo por mi parte,
puedo decir orgullosamente,
¡Detesto la razón que se guía en las matemáticas!
No puedo aguantar a aquella gente
que compara a los hombres con números
que eliminan al humano
para preservar la ecuación
y dejar reducidas a las personas a una función,
función de un sistema de dominación
un engrane otra parte de la maquinaria.
¡El hombre, la vida, no pueden ser cifras!
Radha Soami Sánchez Sánchez
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