miércoles, 24 de agosto de 2011

Costumbres


Tengo una vieja y arraigada costumbre
siempre que llego a un lugar
tengo que dejar mi presencia,
es una necesidad vital, el hacerme presente
y no es por un complejo perfil psicológico demente
donde mi mayor añoranza sea llamar la atención,
 sino porque me gusta dejar mi huella
en todos los espacios donde me encuentro.

Desde pequeño he tenido esta loca propensión,
cuando por una extraordinaria razón iba al parque
acompañado de por mis buenos y gentiles padres,
jugaba a agarrar los insectos todo el día,
de esta manera, dándoles reveses a su vida
es como les demostraba que yo existía,
gustaba de doblar las ramas de los arboles
de aplastar las flores, de saltar sobre el pasto
para luego arrancarlo,
dejando mi esencia por donde me hice paso.
(y cuando digo esencia me refiero al aroma que expelo)

Más tarde ya cuando iba al colegio,
me atrevía a contradecir a los maestros
para que así ellos no me olvidaran en el momento de las calificaciones,
y para que mis demás compañeros condiscípulos
pudieran llegar diciendo a su casa
“hoy conocí a un niño loco,
que riño al maestro… ¡vaya cara!
le dijo que estaba mal… ¡y con que sobriedad!
¡jamás olvidare este momento!”

Por ello ahora de grande continúo con esta grata tarea,
en ocasiones digo algún disparate
siempre buscando la situación más solemne,
en otras tantas veces rayo las paredes y los autos a la gente
grabo mi nombre hasta en las aceras
y por todas partes dejo mi presencia.

Mi placer por hacerme notar asciende hasta tal grado
que si me encuentro en una reunión
de profesionistas, arquitectos, licenciados, abogados
o algún otro personajito de estos,
gusto de meter las manos en los caldos,
en los postres, en la comida de los otros comensales
(sin que estos se den cuenta obviamente…
una cosa es dejar huella y otra es ser descortés)
para ver si acaso mi estancia les deja algo…
aunque sea una tifoidea,
principios de cólera,
de perdida una gastroenteritis aguda
u otro de estos infantiles males

Ahora que escribo esto me encuentro en un problema
no sé como terminar esta especie de relato-invención-jalada-poema
seguramente se habrán dado cuenta
que mi única intención
más allá del solo llamar su atención
es darles las herramientas necesarias
para que puedan decir sin titubeo:

“Una vez conocí un hombre que era una mamada 
ha quedado en mi mente grabado le decían Radha
¡Y nunca antes había leído tanta pendejada!”

Radha Soami Sánchez Sánchez

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Herida sobre herida (tuyas y mías).

Título: Herida sobre herida (tuyas y mías). Autor: Radha Sánchez. La Ciudad de México, también puede recorrerse como heridas...